Las grandes tecnológicas están invirtiendo cantidades extraordinarias para construir la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial: centros de datos, chips, redes, memoria, servidores y sistemas completos. Una apuesta masiva y acelerada que plantea una pregunta inevitable:
¿Habrá demanda suficiente para justificarlo todo?
En este debate conviven dos perspectivas opuestas, ambas con argumentos sólidos.
La advertencia de Michael Burry: beneficios “inflados” por contabilidad
Michael Burry —conocido por anticipar la crisis subprime— ha señalado un riesgo que muchos pasan por alto:
la vida útil que algunas compañías tecnológicas asignan a sus chips es demasiado optimista.
En su análisis, empresas como Alphabet están depreciando hardware esencial en periodos de 5–6 años, cuando el sector, especialmente en plena revolución de la IA, muestra vidas útiles más próximas a 2–3 años.
El razonamiento es claro:
- depreciar más lento → menor gasto contable,
- menor gasto contable → más beneficio reportado,
- más beneficio reportado → valoraciones que parecen más razonables de lo que realmente son.
En esencia, Burry sugiere que los beneficios podrían estar sobreestimados en un momento en el que las valoraciones ya exigen muchos años de crecimiento.
La otra cara: Buffett compra Alphabet
Sin embargo, mientras algunos ven riesgo, otros ven valor.
En un entorno donde Warren Buffett ha reconocido que no encuentra empresas a precios razonables, sorprende que haya invertido 4.300 millones de dólares en Alphabet, precisamente una de las compañías señaladas por Burry.
No es una compra casual. Buffett lleva meses acumulando liquidez y, aun así, ve algo en Google que el mercado podría estar pasando por alto.
¿Quién tiene razón? Nadie lo sabe. Pero ambas miradas aportan algo esencial
Lo que sí sabemos es que el sector tecnológico —y especialmente el de IA— cotiza hoy con expectativas enormemente exigentes. Para justificar los multiplos actuales, las compañías deberán mantener ritmos de crecimiento muy elevados durante muchos años.
Eso no significa que sea imposible. Ya ocurrió con empresas como:
- Apple,
- Amazon,
- Microsoft,
que estuvieron “caras” durante años… mientras multiplicaban por diez o por veinte sus ingresos.
Sobrevaloración no es sinónimo de caída inmediata
Existe un error frecuente en los análisis de mercado:
confundir valoración exigente con desplome inminente.
Las valoraciones pueden corregirse de dos maneras:
- con caídas del precio, o
- con precios laterales mientras los beneficios crecen.
Esta segunda vía es muy habitual en sectores con gran momentum.
Por eso, cuando el mercado va a favor, ponerse corto no solo es arriesgado, es imprudente.
Si uno desconfía del sector, suele ser mejor no estar, en lugar de “ir contra él”.
Un factor adicional: la política industrial de EE. UU.
La administración Trump ha señalado la inteligencia artificial como sector estratégico nacional.
En un contexto de tensiones geopolíticas, es razonable pensar que sería uno de los primeros sectores en recibir apoyo directo o indirecto.
Ese respaldo no elimina riesgos, pero sí condiciona la velocidad a la que podrían corregirse ciertas valoraciones.
La conclusión: humildad
Los mercados no descuentan solo los beneficios actuales, sino las expectativas del futuro.
A veces se exceden.
Otras, se quedan cortos.
La inteligencia artificial puede producir historias de éxito extraordinarias… o justificar correcciones dolorosas en algunas compañías.
Como siempre, la clave está en la perspectiva, en la disciplina y en entender qué estás pagando cuando compras una valoración.