Por qué el miedo de hoy es la prosperidad de mañana
Tengo guardados en el cajón algunos recortes de periódicos antiguos que hoy parecen chistes, pero que en su día fueron firmados por los mayores expertos de la época. Te pongo algunos ejemplos:
En 1879, se ponía en duda el éxito de la electricidad para el alumbrado; no la veían como un sustituto del gas por considerarla peligrosa y poco fiable.

Años después, en 1903, el New York Times aseguraba que el hombre no podría volar nunca, al menos no en una máquina más pesada que el aire. Solo unos días después, los hermanos Wright lo consiguieron.



En los años 90, cuando surgió internet, algunos pensaban que no triunfaría porque se perdía el contacto humano, otros decían que sería una burbuja que terminaría desapareciendo.


Aquellos expertos no eran tontos; simplemente estaban atrapados en su presente.
Cuando surgió el automóvil, se miraba el mundo desde el carruaje, pensando en qué pasaría con los caballos, sin imaginar que el coche no solo mataría la industria del látigo, sino que crearía gasolineras, fábricas, hoteles de carretera y toda la logística moderna que hoy nos parece elemental.
Hoy estamos viviendo exactamente lo mismo con la Inteligencia Artificial (IA), pero a una velocidad que marea.
Se habla de la IA en términos de miedo: trabajos que desaparecerán y máquinas sustituyendo a personas. Es una reacción humana natural, pero ese pánico es, en realidad, la señal de que algo muy grande está naciendo.
Es lo que el economista Joseph Schumpeter llamó «destrucción creativa»: el proceso por el cual la innovación elimina lo anticuado para dejar espacio a lo eficiente.
Lo vimos en los 90 con la fibra óptica; se enterraron miles de millones en cables que nadie usaba y muchas empresas quebraron, pero esa misma infraestructura es la que hoy permite que tú estés leyendo esto, que hables con tus hijos por videollamada o que las fotos de tu boda estén a salvo en la nube. Muchas de aquellas empresas desaparecieron, pero la infraestructura cambió nuestras vidas para siempre.
En este nuevo escenario, el cambio no es que desaparezca el humano, sino que evoluciona su papel. Pasamos de ser músicos a directores de orquesta. La IA toca los instrumentos (ejecuta las tareas tediosas) y el profesional dirige la sinfonía (aporta la estrategia, el juicio y la ética). El programador ya no escribe cada línea; supervisa a agentes que lo hacen por él. El abogado ya no pierde diez horas leyendo jurisprudencia; dirige a una IA para centrarse en la estrategia del juicio.
Esta necesidad de adaptación es vital para tu supervivencia diaria, así que más vale que lo afrontemos con mente abierta. Los que en estos 30 o 40 años no se han adaptado a internet (pienso en nuestros abuelos), ahora mismo son analfabetos digitales, por mucho que fueran personas brillantes y cultas en su época.
Aquellos que decidieron no usar el móvil o internet para sus gestiones hoy no pueden comprar nada porque todo es digital y para hacer una transferencia tienen que ir al banco un martes de 10 a 11 de la mañana y pagar 20 euros de comisión por algo que pueden hacer gratis en un minuto desde su sofá.
A nivel profesional, el escenario es idéntico: la IA no te quitará el trabajo, te lo va a quitar el competidor que sepa usarla para ser más rápido que tú.
A nivel macro, los beneficios de las empresas están aumentando mientras el empleo en sectores poco cualificados flaquea. La IA permite producir lo mismo con menos costes, generando un aumento de productividad que se queda en la caja de las compañías y en la satisfacción del cliente. Es una pena que se pierdan puestos de trabajo, es verdad, pero ¿qué hacemos? ¿Trabajamos más despacio para conservarlos? ¿Prohibimos la IA? No parece lógico. La solución pasa por la adaptación y el aprendizaje de nuevas habilidades para reubicarse en otros sectores.
Respecto al beneficio de las empresas podemos quejarnos o asumir que el progreso no lo para nadie y comprar acciones de estas empresas para participar de esos mismos beneficios.
Para ir terminando, me gustaría decirte algo si dudas. Para saber si todo esto de la IA es real o humo, no te fijes en las noticias (que ya hemos visto que viven en el presente), fíjate en el dinero. Amazon, Google y Microsoft van a invertir este año cerca de 650.000 millones de dólares en infraestructura para IA. Son los cimientos del mundo que viene.
Pero una cosa importante, antes de que te lances a comprar acciones: que la tecnología se quede no significa que todas las empresas sobrevivan. Los que ya llevamos unos años en esto recordamos bien el año 2000. Terra llegó a valer más que el BBVA porque todo lo que terminara en «.com» era oro puro. Ya sabemos cómo acabó aquello: Internet transformó el mundo, pero Terra se evaporó. Lo mismo pasó con Blockbuster, un gigante que decidió que el alquiler físico no moriría nunca frente a un joven Netflix. El progreso no pide permiso; simplemente pasa por encima de quien decide no mirar.
Por eso, mi consejo inversor es claro: la tecnología permanecerá, pero las empresas pueden traicionarte. Si quieres evitar sustos y no jugar a la ruleta rusa buscando a la «ganadora» absoluta, compra el sector o el índice. No ganarás tanto como el que acierte con la próxima gran estrella, pero tampoco te arruinarás si la empresa que elegiste termina siendo el próximo Blockbuster.
En tecnología, es más seguro comprar el pajar que buscar la aguja porque son empresas muy disruptivas y nunca sabemos dónde estará el próximo Apple. Piensa que por cada Apple que aparece hay cientos que se quedan por el camino. Ten presente un dato: de las 500 empresas que componen el S&P 500 hoy en día, solo 49 existían hace cinco décadas. Winston Churchill decía que «mejorar es cambiar; ser perfecto es cambiar a menudo». Bruce Lee decía “Be wáter”. En definitiva, hay que adaptarse y las que no lo hacen van muriendo.
Se habla mucho de si la IA es una burbuja o no. Algunas valoraciones de algunas empresas puede que sean excesivas, pero la tecnología está aquí para quedarse. Estamos construyendo los raíles de un siglo que apenas empieza a andar. No te quedes en el andén discutiendo si el tren es demasiado rápido; súbete a él, pero ten presente una cosa: el precio del billete es la volatilidad que tiene la industria. Como todo lo nuevo se mueve mucho, así que el camino no será la línea recta. Es por eso que debes conocerte para saber si eres capaz de soportar las dificultades que tiene recorrerlo.
Nota: Mi intención aquí es hablar de la megatendencia que supone la IA en el presente y en el futuro próximo y no debe confundirse con la revalorización que puede tener este sector en los próximos meses. De hecho, si has leído artículos míos anteriores, conocerás las dificultades a las que hace frente en estos momentos, por lo que no debe interpretarse este escrito como una recomendación de compra.